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EL DRAMA WAGNERIANO
Por Houston Stewart Chamberlain
 


PRÓLOGO A LA EDICIÓN CATALANA

CAPÍTULO PRIMERO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Como artista y como hombre
Camino hacia un mundo nuevo
R. Wagner

PRIMEROS ENSAYOS.


Para comprender la obra de Wagner son indispensables dos premisas: reconocer que Wagner fue, ante todo y sobre todo, un poeta dramático; y observar al mismo tiempo que su instinto de poeta dramático era de una naturaleza especial, pues la palabra y el sonido musical le eran necesarios y alcanzaban igual importancia para la expresión de su concepción poética.
Desde niño lo que más le apasionó fue la poesía, sobre todo la poesía épica y la dramática. Contaba quince años aproximadamente cuando escribió una tragedia de extraordinarias proporciones en la que estuvo trabajando con entusiasmo dos años. He aquí un hecho altamente característica, que prueba que ya en su adolescencia sentiase inclinado a dar a sus fantasías poéticas la forma clara y precisa de la palabra y a encarnarías en personajes para poder evocarlas más fácilmente. Debemos considerar a Wagner, por lo tanto, como un vidente, esto es, un poeta verdadero, y no exclusivamente como músico. Sucede con frecuencia que, para el músico, el mundo plástico y visible no es más que una inmensa nebulosa; así lo creyeron muchos compositores, incluso de los más notables. En cambio Wagner, desde su primer intento poético, buscó el medio de expresión que se dirige a un mismo tiempo a la vista y al entendimiento.
Pero cuando tuvo terminada aquella tragedia, entendió Wagner que su concepción dramática sólo podía realizarse por completo con el concurso de la música. Hay que subrayar el significado de esta intuición, que es más característica por cuanto Wagner, en aquella época, desconocía todavía las primeras nociones de teoría y práctica de la música.
El punto de partida, la base de aquel primer ensayo dramático, fue, como hemos dicho, una concepción poético-dramática. Esta concepción se manifiesta desde el primer momento bajo la forma lógica que afecta al espíritu y simultáneamente bajo la forma que impresiona a la vista; es decir, que requiere como condiciones primordiales de vida, la palabra y la encarnación escénica. Pero había en ella tanta emoción, tanta ' pasión, que el propósito y la intención del poeta no lograba manifestarse por completo sin la poderosa colaboración de la música. Y cuando el propio Wagner nos dice: "Ni un solo instante dudé de que yo mismo podría escribir esa música que me era tan indispensable" (1), podemos considerar esta ingenua confesión como una prueba evidente de la necesidad orgánica de dicha música.
Esta iniciación del joven poeta nos revela ya a Wagner por entero. La manera de concebir las cosas y la riqueza de sus facultades naturales se manifiestan en ella con precisión y claridad absoluta. Wagner no vino al mundo con el talento de los niños prodigio, que hacen música aun antes de saber leer y escribir, sino que su genio musical sólo se despertó al sentir el perfume primaveral de la poesía. Por otra parte, no concibió su poema como un libreto destinado a una obra musical, sino como una tragedia declamada; y únicamente al tenerla concluida cayó en la cuenta de que su obra exigía el concurso de la música para ser perfecta.
La primera nota característica del genio de Wagner es, pues, la de ser poeta y músico a la vez. No llegó a serio por la reflexión, sino que ya nació con este don divino que lo caracteriza.
Con todo, esas consideraciones son todavía superficiales. Porque podríamos contentamos creyendo que Wagner fue un poeta genial y al mismo tiempo un músico genial, consideración que nos llevarla simplemente a clasificarlo entre los fenómenos más raros y curiosos de cada una de aquellas dos artes: la poesía y la música. Entonces estaríamos muy lejos de haberlo comprendido verdaderamente. En efecto: lo que singulariza el genio de Wagner no es la dualidad de talentos distintos, sino la unidad de inspiración, gracias a la cual aquellos dos modos de expresión -que estamos acostumbrados a considerar como diferentes y casi contrarios- se encuentran fundidos en él de manera indisoluble para no formar sino las dos partes de un solo ser, de un mismo y único organismo. Y esto es lo más esencial que hay que comprender. Wagner no es poeta y por otro lado músico, sino que es poeta-músico; y hasta seria más sencillo y más correcto decir simplemente que es poeta, sin otra añadidura. La razón es clara: ¿todo poeta verdadero no es también músico? ¿No es la música de la frase lo que comunica a ésta su poder de evocación? ¿No es la música interna de las palabras la que les da un valor muy superior al de su aceptación lógica? La música de Wagner no es otra cosa que esa música del poeta. Sólo que en él se desarrolló inmensamente por los matices especiales de su genio y también por la evolución de la armonía y de la música instrumental, que se hablan convertido en un organismo flexible, perfecto, que sólo aguardaba la llegada del poeta que supiera aprovecharlo para formar una parte integral del lenguaje poético. En el fondo de la inspiración poética de Wagner late un deseo inmenso e indefinible, que hay que calificar de musical, y este deseo es el que engendra el poema. Su música viene a ser como el aroma que exhalan las flores y hojas de un árbol, con el que nos revelan la savia invisible que penetra todos sus tejidos y les da vida y crecimiento.
Más adelante volveremos más detalladamente sobre este tema. Nunca se insistirá demasiado en él, porque es la clave de toda la obra de Wagner. Por ahora es suficiente dejar bien establecido que la primera tentativa del niño Wagner contiene ya pruebas incontestables de la especial naturaleza de su genio. Su segunda tentativa de adolescente fue también muy característica. Bajo la doble influencia de Goethe y de Beethoven compuso Wagner un drama pastoral, escribiendo al mismo tiempo las palabras y la música, sin precisar cuál de las dos partes de su trabajo precedía a la otra. Es muy importante fijar bien estos detalles porque después de este periodo de adolescencia vino un periodo confuso que podría dar lugar a interpretaciones erróneas.

(continua en los próximos días)

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